Las especies no permanecen inmutables.
Durante los siglos XVIII y XIX, los grandes viajes de exploración permitieron descubrir animales y plantas muy diferentes a los conocidos en Europa. Al mismo tiempo, los avances en la geología y el hallazgo de numerosos fósiles hicieron que muchos científicos comenzaran a preguntarse si las especies realmente habían permanecido iguales desde su creación, como sostenía la creencia tradicional basada en el relato del Génesis. Poco a poco surgió una nueva pregunta: ¿es posible que los seres vivos cambien con el paso del tiempo?
Dos de los científicos que más influyeron en esta discusión fueron Jean-Baptiste Lamarck y Charles Darwin. Aunque ambos coincidían en que las especies podían cambiar a lo largo del tiempo, propusieron explicaciones muy diferentes sobre cómo ocurría ese proceso. Para entender mejor sus ideas, suele utilizarse un ejemplo muy conocido: el desarrollo del largo cuello de las jirafas.
Según Lamarck, las primeras jirafas tenían cuellos más cortos y necesitaban estirarse constantemente para alcanzar las hojas de los árboles. Como usaban mucho el cuello durante toda su vida, este se iba alargando poco a poco. Lamarck pensaba que esa característica adquirida se heredaba a las siguientes generaciones, de modo que, con el paso del tiempo, aparecieron jirafas con cuellos cada vez más largos.
Darwin explicó este mismo caso de una forma diferente. Él propuso que desde el principio existían jirafas con cuellos de distintas longitudes. Las que tenían el cuello un poco más largo podían alimentarse con mayor facilidad, especialmente cuando escaseaba el alimento, por lo que tenían más probabilidades de sobrevivir y reproducirse. Como consecuencia, sus descendientes heredaban esa característica y, después de muchísimas generaciones, la población terminó estando formada principalmente por jirafas de cuello largo. Este proceso recibió el nombre de selección natural.
A partir de estas observaciones, Charles Darwin y Alfred Russel Wallace desarrollaron de manera independiente la teoría de la evolución por selección natural, una de las ideas más importantes de toda la biología. Esta teoría propone que los individuos de una misma especie presentan variaciones heredables y que el ambiente actúa como un filtro natural, favoreciendo a aquellos que poseen características que aumentan sus posibilidades de sobrevivir y reproducirse. Con el paso de miles o millones de años, estos pequeños cambios se acumulan, permitiendo que las especies evolucionen e incluso dando origen a nuevas especies. Hoy en día, esta teoría constituye la base de la biología moderna y cuenta con un amplio respaldo gracias a las evidencias aportadas por la genética, la paleontología, la anatomía comparada y la biología molecular.


Comentarios
Publicar un comentario